Los niños de parvularia celebraron el Día del Padre con una mañana diseñada para que padres e hijos compartan tiempo juntos dentro de la escuela. La jornada no fue una presentación frente al público, sino un espacio de actividades donde cada sala se transformó en una estación de juego diferente.
Papás e hijos recorrieron juntos las aulas, pasando por cada estación preparada para ellos. Los niños guiaron a sus papás a través de juegos que permitieron interacción directa, risa y movimiento. La dinámica invirtió el lugar común de celebraciones escolares: en lugar de niños actuando para adultos, fue un encuentro donde ambos eran protagonistas.
Para cerrar, los niños entregaron los regalos que habían preparado con anticipación. El momento de la entrega fue emotivo, con pequeños corazones conscientes de que estaban compartiendo algo que habían hecho con sus propias manos. Celebraciones como esta refuerzan el vínculo entre la escuela y las familias, reconociendo que ese acompañamiento es también parte de la educación.









