Los niños de parvularia vivieron una mañana de aventura con una búsqueda del tesoro en la que cada participante llegó disfrazado de pirata. La actividad los invitó a seguir pistas, resolver retos y avanzar en grupo hacia un destino que se fue revelando por etapas.

A lo largo del recorrido, el juego se convirtió en el vehículo para trabajar habilidades concretas: la observación, la colaboración y la capacidad de apoyarse entre compañeros para superar cada desafío. En edades tempranas, este tipo de dinámicas permiten que los niños desarrollen competencias sociales y cognitivas de forma natural y motivadora.

La jornada ofreció a los alumnos una experiencia diferente dentro de su rutina escolar, donde el descubrimiento y la convivencia fueron los protagonistas. Actividades como esta demuestran que el aprendizaje más significativo muchas veces ocurre cuando los niños simplemente están jugando.